Prueba Volkswagen Jetta Sport 1.6 TDI DSG: cálida austeridad

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©Cochesafondo

Prueba realizada por Gaby Esono

De toda la vida del Señor, el Volkswagen Jetta ha sido una derivación tres volúmenes del Volkswagen Golf. No importa que en estas casi cuatro décadas de existencia lo hayan hecho con dos o con cuatro puertas, o que le hayan cambiado un par de veces el nombre (Vento primero; Bora después).

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Tampoco ha importado que la firma alemana se haya esforzado generación tras generación en diferenciarlo de su modelo más popular, con diseños más o menos acertados de su frontal. Al final, el recuperado Jetta siempre había sido un Golf “con culo”.

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Si hago esta afirmación tan tajante no es porque desde siempre ambos modelos hayan usado prácticamente los mismos motores y transmisiones. Ni porque, una vez sentado en cualquiera de los dos, era imposible distinguir el uno del otro. No. Lo que realmente convertía al Jetta en una más de las muchas variantes del Golf era que compartía la plataforma con las carrocerías de 3 y 5 puertas. La misma distancia entre ejes, la misma anchura de vías, las mismas suspensiones. En definitiva, le cambiaban el nombre porque los coches con el maletero separado suelen dar mayor sensación de empaque, pero poco más.

Pues eso se ha acabado. Al menos, si hacemos caso a lo que dicen desde la marca, puesto que afirman que “el Jetta ya no tendrá que compartir ningún elemento con la carrocería del Golf, sino que dispondrá de una carrocería propia”. Y, de paso, más grande por dentro.

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De hecho, aunque el mercado que mejor se le ha dado históricamente a este coche es el norteamericano, los tiempos que corren hacen que la opción de los tres volúmenes en un coche del segmento C vuelva a cobrar sentido en el Viejo Continente. ¿Y qué mejor fórmula que potenciar este modelo, acercándolo al reconocido Volkswagen Passat, pero manteniendo los costes de producción y tecnología propios de su segmento?

Con esto, el Volkswagen Jetta refuerza sus argumentos en un mercado donde sólo el Focus de Ford, el Fluence de Renault y el Mazda3 mantienen una carrocería de este tipo en un segmento que también tuvo representantes en la gama del anterior Citroën C4 o la del Opel Astra, entre otros.

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